La importancia de conservar árboles en parcelas de cultivo: prácticas reales del campo mexicano

June 20, 2025, Agricultura Noticias

Durante décadas, el modelo agrícola dominante en México promovió la limpieza total de las parcelas: desmontar, nivelar y dejar “limpio” el terreno era sinónimo de productividad. Sin embargo, esa lógica está cambiando. Cada vez más agricultores están optando por conservar —o incluso replantar— árboles dentro de sus parcelas de cultivo, no por romanticismo ambiental, sino por razones prácticas: sombra, suelo, humedad, biodiversidad, control de plagas, entre otras. Esta estrategia, lejos de ser nueva, recupera prácticas tradicionales que habían sido desplazadas por la mecanización y la presión comercial.

¿Por qué conservar árboles en tierras de cultivo?

Los árboles cumplen funciones clave en los sistemas agrícolas, especialmente en regiones con climas extremos o lluvias estacionales. Algunas razones prácticas por las que muchos agricultores optan por conservar árboles:

  • Regulan la temperatura del suelo: En regiones cálidas, la sombra de los árboles reduce la temperatura en el suelo y evita que los cultivos sufran estrés térmico.
  • Mejoran la retención de humedad: Al disminuir la evaporación, ayudan a conservar el agua en los primeros centímetros del suelo.
  • Aportan materia orgánica: Sus hojas caídas nutren el suelo, especialmente si se reincorporan tras la cosecha.
  • Sirven como barreras vivas: En zonas con viento fuerte o lluvias intensas, protegen a los cultivos de daños mecánicos.
  • Fomentan la biodiversidad: Atraen aves, insectos polinizadores y controladores de plagas naturales.

Esto no es una moda ambiental. Es una estrategia que responde a necesidades reales del campo y que está siendo adoptada por productores que buscan mayor estabilidad y menores riesgos productivos.

Casos reales: lo que está ocurriendo en parcelas mexicanas

En municipios como Totontepec (Oaxaca), Santiago Juxtlahuaca (Mixteca), Tepalcatepec (Michoacán) o el sur de Veracruz, hay agricultores que están haciendo esfuerzos activos por conservar árboles útiles dentro de sus parcelas, incluso cuando cultivan a escala comercial.

Por ejemplo, en parcelas de maíz y frijol intercalado en la Sierra Mixe, productores mantienen árboles de encino, pino ocote y liquidámbar. Estos árboles no solo les brindan sombra y leña, sino que estabilizan laderas y reducen la erosión. En muchas milpas, el árbol no es un estorbo: es parte del diseño del terreno.

En zonas tropicales como Papantla o Catemaco, productores de vainilla y café tradicionalmente han usado árboles como el guamo o el cedro para dar sombra. Ahora, algunos cañeros y productores de plátano también están dejando ciertos árboles como parte de sus estrategias de conservación de suelo.

¿Qué árboles se conservan y por qué?

La decisión de conservar o no un árbol depende del tipo de cultivo, del espacio que ocupe, de su interacción con el sistema agrícola y de los beneficios que aporte. Algunos árboles comunes que se están conservando o reintroduciendo en el campo mexicano:

  • Guaje (Leucaena leucocephala): Proporciona sombra, suelta hojas ricas en nitrógeno y sirve como forraje.
  • Guamúchil: Su copa es amplia y resistente al calor; sus vainas son comestibles y sus hojas enriquecen el suelo.
  • Ramas de mango y chicozapote: En parcelas de traspatio o mixtas, se dejan árboles frutales que además de producir, dan sombra y alimento.
  • Ceiba: Aunque no es para todo tipo de terreno, la ceiba es usada como árbol guía y símbolo de resguardo en muchas comunidades.
  • Palo mulato y jobo: Resistentes, adaptables y útiles para sombra, además de atraer fauna benéfica.

Muchos productores optan por podar y dirigir la forma del árbol en lugar de talarlo. Así, se integran al diseño de la parcela sin competir agresivamente con los cultivos.

¿Afectan o compiten con los cultivos?

Un argumento común contra los árboles en las parcelas es que “roban agua y nutrientes”. Esto puede ser cierto si el árbol no es apropiado para el tipo de cultivo, si está mal ubicado o si no se maneja correctamente. Pero en muchos casos, los beneficios superan los costos.

La clave está en el manejo:

  • Podas estratégicas para reducir competencia por luz.
  • Ubicación en bordes, esquinas o linderos, para no afectar surcos centrales.
  • Elección de especies con raíces profundas o asociativas.

Además, la sombra parcial en ciertas etapas del cultivo puede ser beneficiosa, sobre todo en ciclos de calor extremo. Hay testimonios de agricultores que reportan mejores rendimientos en lotes sombreados moderadamente, sobre todo en cultivos sensibles como el chile, el jitomate o el café.

Los árboles como patrimonio familiar

Más allá de lo técnico, los árboles en las parcelas también tienen un valor simbólico. En muchas comunidades, el árbol que se dejó crecer o que no se cortó representa un legado. Puede ser el punto de descanso del abuelo, el sitio donde se preparaba la comida en la cosecha, el árbol bajo el cual se amarraba el burro o se cuidaba a los niños.

Este valor cultural y afectivo no es menor. De hecho, está impulsando a jóvenes agricultores a conservar más árboles, incluso en parcelas mecanizadas, como una forma de honrar el legado familiar y mantener cierta identidad rural que muchos consideran valiosa.

¿Y la productividad?

En muchos casos, conservar árboles no disminuye la productividad total. Al contrario: mejora la calidad del suelo, estabiliza la humedad y reduce el gasto en fertilizantes. En cultivos de temporal, donde la lluvia es escasa e irregular, tener árboles puede marcar la diferencia entre una cosecha buena y una mediocre.

Algunos productores incluso están integrando árboles frutales o maderables con valor comercial como parte del plan productivo. Así diversifican sus ingresos y amortiguan los riesgos agrícolas.

Una práctica que vuelve con fuerza

Lo que antes se veía como señal de “atraso” —una milpa con árboles o una parcela sembrada entre sombras— ahora comienza a verse como una estrategia inteligente, resiliente y bien pensada. Los árboles en las parcelas no son obstáculo, sino aliados. Su valor ya no es solo ecológico: es productivo, económico y cultural.

La clave está en hacerlo con conocimiento: elegir bien las especies, ubicarlas estratégicamente y manejarlas para que acompañen y fortalezcan el sistema agrícola, no para competir con él. Así, el campo mexicano no solo resiste mejor los embates del clima, sino que se mantiene conectado con su historia y con las formas de producción que han sostenido la vida rural durante generaciones.

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