Cómo están rescatando los productores locales el uso del maíz criollo en sus milpas

June 21, 2025, Agricultura Noticias

Durante décadas, el maíz criollo fue desplazado por variedades híbridas y mejoradas, bajo la promesa de mayores rendimientos, menor ciclo y mejor comercialización. Sin embargo, en cientos de comunidades rurales mexicanas, los productores están volviendo al uso del maíz criollo. ¿Por qué? No solo por razones culturales, sino también por su adaptación al terreno, su sabor, su valor en la alimentación local y su resistencia a climas impredecibles. Lo que antes se veía como “atraso”, hoy comienza a entenderse como estrategia resiliente.

¿Qué es un maíz criollo y por qué importa?

El maíz criollo es aquel que ha sido conservado, seleccionado y reproducido por generaciones de agricultores en condiciones locales. No ha pasado por programas de mejoramiento genético industrial. Cada variedad refleja una historia: una altitud, una forma de cocinar, un tipo de suelo, una lluvia particular.

Estos maíces no solo tienen color, forma y tamaño distintos; también responden mejor a las condiciones específicas del terreno donde fueron adaptados. En épocas de sequía, exceso de humedad o suelos pobres, los criollos suelen resistir más que los híbridos comerciales.

Razones prácticas por las que se rescata el maíz criollo

Los productores que vuelven al maíz criollo lo hacen por decisión técnica, no solo por nostalgia. Algunas de las razones más frecuentes son:

  • Mejor sabor: Las tortillas, atoles, tamales y pozoles hechos con maíz criollo tienen mayor aceptación en mercados locales y ferias.
  • Resistencia climática: Algunas variedades aguantan mejor la sequía, las heladas o las plagas locales.
  • Libre reproducción: A diferencia del híbrido, que pierde calidad al ser resembrado, el criollo se puede guardar, seleccionar y sembrar sin pagar regalías.
  • Valor cultural: En muchas comunidades, el maíz criollo forma parte de rituales, ofrendas y cocina tradicional. Reintroducirlo refuerza la identidad.

Experiencias reales en el campo

En comunidades de Oaxaca como Yalálag, Villa Alta o San Juan Mixtepec, los productores están recuperando maíces como el negro mixe, el rojo de ladera o el pintito serrano. En la sierra de Puebla y Guerrero, se están retomando semillas que habían dejado de usarse durante años por la llegada de programas gubernamentales que incentivaban híbridos.

En Michoacán, algunos grupos purépechas han reactivado bancos comunitarios de semillas donde se intercambian variedades criollas. En los Altos de Chiapas, jóvenes productores están combinando prácticas agroecológicas con rescate de maíces tradicionales.

Cómo se selecciona y conserva la semilla

El rescate del maíz criollo no es solo sembrar lo que quedó. Implica selección cuidadosa. En la cosecha, los agricultores guardan mazorcas completas de las plantas más sanas, de buen porte, sin deformidades, y que hayan resistido bien el ciclo.

La semilla se conserva en lugares secos, ventilados, lejos de plagas. Algunos la tratan con ceniza, cal o plantas repelentes. Otros la almacenan en trojes, canastos o costales especiales. El conocimiento sobre cómo guardar y seleccionar es parte del saber agrícola que no se aprende en libros, sino trabajando el campo.

El papel de las mujeres en el rescate del maíz criollo

En muchas regiones, son las mujeres quienes han conservado las semillas durante generaciones. A través de la cocina, la venta en tianguis o la preparación de alimentos rituales, han mantenido la demanda por colores, texturas y sabores específicos.

Ahora, muchas mujeres campesinas lideran procesos de intercambio de semilla, participación en ferias del maíz o creación de cooperativas donde se promueve el uso exclusivo de criollos. En Tlaxcala, Hidalgo y el Estado de México, hay redes de mujeres que siembran pequeñas parcelas con variedades nativas y las defienden como parte de su autonomía.

El mercado empieza a reconocer su valor

Restaurantes, cocineras tradicionales, mercados de alimentos orgánicos y ferias regionales han comenzado a pagar mejor por maíz criollo, especialmente si está cultivado sin agroquímicos. Este valor agregado permite a los productores obtener ingresos más estables y sin depender de grandes acopiadores.

Además, productos como el totopo, el pinole o el pozol hechos con maíces nativos tienen mayor demanda en ciudades, lo que ha abierto canales de comercialización directa entre el campo y la ciudad.

Desafíos en el rescate del criollo

No todo es sencillo. El maíz criollo suele rendir menos por hectárea que los híbridos, especialmente si no se maneja bien el suelo. Además, su altura y tamaño lo hacen más vulnerable al viento y difícil de cosechar con maquinaria convencional.

También hay un problema de contaminación genética: cuando un campo criollo está cerca de otro con híbridos, puede haber cruzas no deseadas que alteran las características de la semilla. Por eso, algunos productores han empezado a aislar parcelas, sembrar en franjas o poner “barreras vivas” para proteger su semilla.

Iniciativas comunitarias que fortalecen el movimiento

Organizaciones campesinas, colectivos de jóvenes y universidades rurales están colaborando para documentar, multiplicar y distribuir semillas criollas. Se están creando bancos comunitarios, huertos semilleros y catálogos de variedades nativas. En algunos casos, incluso se han logrado registros legales como “maíz de origen protegido”.

Esto no solo ayuda a conservar la biodiversidad, sino también a fortalecer la soberanía alimentaria: que cada comunidad decida qué cultivar, cómo y con qué semilla.

Sembrar criollo es sembrar autonomía

Más allá del rendimiento, el maíz criollo representa una forma de autonomía: económica, cultural y técnica. Es una decisión política en el mejor sentido: recuperar el control sobre la semilla, reducir la dependencia de insumos externos y fortalecer los lazos comunitarios.

El rescate del maíz criollo no es una vuelta al pasado, sino una forma de mirar al futuro desde el conocimiento que el campo ha cultivado durante siglos. Y en tiempos de crisis climática, pérdida de biodiversidad y mercados inestables, esas semillas guardan más valor del que muchos imaginan.

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