Cómo se está transmitiendo el conocimiento agrícola entre generaciones en zonas rurales
June 25, 2025, Agricultura Noticias
En muchas zonas rurales de México, la agricultura no se aprende en una escuela ni en un curso técnico. Se hereda. El conocimiento del campo pasa de padres a hijos, de abuelos a nietos, en conversaciones al pie de surco, durante las siembras, en los rituales del temporal y hasta en silencios compartidos. Sin embargo, este proceso de transmisión generacional está cambiando. En algunos lugares, se debilita; en otros, se adapta. En todos, enfrenta el reto de mantenerse vivo frente a la migración, el cambio climático, la tecnología y las nuevas formas de vida.
El conocimiento del campo: más que técnica, una forma de entender la vida
Sembrar, cuidar la tierra, elegir el día correcto para plantar, leer las nubes, saber cuándo aplicar abono o cómo detectar una plaga sin químicos… todo eso forma parte del saber agrícola tradicional. Pero no se trata solo de técnicas. Este conocimiento está ligado a los ciclos naturales, a la historia de una comunidad y a la experiencia acumulada de generaciones.
Muchos campesinos mayores no usan términos técnicos, pero saben con precisión qué tipo de lluvia conviene para el maíz tierno, qué luna favorece el crecimiento de la calabaza o cómo combinar cultivos sin agotar el suelo. Esa sabiduría rara vez está escrita. Vive en la práctica.
La transmisión oral y práctica sigue siendo clave
En muchas comunidades, el aprendizaje ocurre en el terreno. Los niños y jóvenes ayudan desde pequeños: a limpiar la milpa, a espantar pájaros, a recoger mazorcas. Mientras trabajan, escuchan: consejos, advertencias, historias.
Ejemplo: en regiones del Altiplano, se enseña a los jóvenes a identificar enfermedades del maíz observando el color de las hojas y el olor del tallo. No se usa ficha técnica, sino memoria visual, olfativa y práctica. Esa es la escuela del campo.
Lo que está cambiando: menos jóvenes en el campo
Uno de los principales retos para la transmisión del conocimiento agrícola es la migración juvenil. Muchos hijos de campesinos ya no se quedan. Se van a estudiar, a trabajar a la ciudad o al extranjero, y ya no vuelven a sembrar.
Esto provoca un corte en la cadena del conocimiento. Las técnicas que solo se aprendían con la práctica se pierden si no hay quien las observe o repita. Algunos adultos mayores siguen sembrando solos, sin aprendiz, sin relevo.
En comunidades de Oaxaca y Chiapas, hay reportes de milpas abandonadas tras el fallecimiento del agricultor principal, simplemente porque nadie más sabía cómo organizar el ciclo ni quiso hacerse cargo.
Los que sí regresan: jóvenes que vuelven con otra visión
No todo es pérdida. Hay jóvenes que, después de estudiar o migrar, deciden volver al campo. Algunos lo hacen por necesidad; otros, por convicción. Estos jóvenes traen nuevas herramientas: saben usar internet, han tenido contacto con ideas diferentes y desean combinar el conocimiento heredado con innovación.
Ejemplo: en Nayarit, un grupo de jóvenes regresó a su comunidad serrana y comenzó a sembrar maíz criollo con técnicas tradicionales, pero promoviendo ferias de semillas y grabando en video los consejos de sus abuelos. Están construyendo un archivo comunitario para evitar que ese conocimiento se pierda.
Los cuadernos, los celulares y la grabadora: nuevas formas de memoria
Algunos jóvenes campesinos están escribiendo lo que sus mayores saben. Otros graban conversaciones con sus padres o abuelos para conservar las enseñanzas. También hay quienes hacen videos, podcasts o notas de voz donde documentan calendarios de siembra, remedios para plagas, consejos para fertilizar sin químicos.
Esto representa una forma de transición: del conocimiento oral al registro digital. Si bien no reemplaza la práctica, ayuda a conservar parte de lo que antes solo se pasaba de boca en boca.
¿Qué están haciendo las comunidades para sostener esta transmisión?
En varios estados se están creando iniciativas desde dentro de las comunidades para fortalecer la enseñanza agrícola intergeneracional:
- Escuelitas del campo: programas comunitarios donde adultos mayores enseñan a niños y jóvenes sobre siembra, cuidado del suelo, agricultura tradicional.
- Mapeo de saberes: en Guerrero y Veracruz, organizaciones civiles han facilitado talleres para identificar quién sabe qué en cada comunidad, y así hacer visible la riqueza del conocimiento local.
- Encuentros de saberes: eventos donde se reúnen campesinos de distintas generaciones a intercambiar técnicas, semillas, consejos y experiencias.
Estos espacios no siempre tienen presupuesto ni respaldo oficial, pero funcionan con voluntad comunitaria. Son clave para que el conocimiento agrícola no se corte entre generaciones.
El riesgo de que solo sobreviva lo que se mide
Muchas políticas públicas se enfocan en productividad, rendimiento por hectárea, acceso a maquinaria o comercialización. Pero poco se hace para proteger el conocimiento tradicional. Si no se mide en cifras o no genera ganancia inmediata, parece no importar.
Sin embargo, ese saber no solo es útil: es vital. En contextos de crisis climática, pérdida de biodiversidad y agotamiento del suelo, recuperar las prácticas de quienes sembraron por décadas puede marcar la diferencia.
Lo que sí se puede hacer para fortalecer la transmisión
- Escuchar más a los adultos mayores del campo y registrar su saber
- Promover que los jóvenes participen en al menos un ciclo agrícola completo
- Incluir contenidos locales en las escuelas rurales sobre cultivo, comida y tierra
- Reconocer públicamente a quienes enseñan desde la práctica
- Apoyar proyectos comunitarios de documentación agrícola
La transmisión del conocimiento agrícola es más que herencia: es presente. Si no se sostiene, lo que se pierde no es solo una técnica, sino una forma de estar en el mundo, una relación con la tierra que ha alimentado a generaciones enteras.
El reto ahora no es solo conservar ese saber, sino encontrar cómo hacerlo vivo en medio del cambio. Que los jóvenes del campo no solo escuchen cómo se hacía antes, sino que tengan espacio, tierra y tiempo para hacerlo hoy. Ahí está la semilla del futuro rural de México.
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