Cómo están adaptando los productores de temporal sus calendarios al cambio climático

June 26, 2025, Agricultura Noticias

En muchas regiones rurales de México, sembrar en temporal ha sido durante generaciones una práctica basada en el conocimiento acumulado del clima local. Los agricultores sabían, con bastante certeza, cuándo llegaban las lluvias, cuándo sembrar, cuándo aplicar abono y cuándo esperar la cosecha. Hoy, ese calendario ya no funciona igual. Las lluvias llegan tarde o demasiado pronto, los ciclos se acortan o se alargan, y los pronósticos ya no sirven como antes. En este escenario, los productores están haciendo ajustes reales y concretos para no perder sus cosechas y sostener sus prácticas.

El temporal ya no se comporta como antes

Lo que antes era casi predecible —las primeras lluvias entre mayo y junio, y el último aguacero fuerte en septiembre— ahora ha cambiado. En zonas como la Mixteca, el Bajío o la región Totonaca, las lluvias pueden comenzar hasta julio o detenerse repentinamente a mitad del ciclo.

Este cambio desestabiliza por completo los planes del productor. Si siembra “como antes”, corre el riesgo de que la planta se quede sin agua en su etapa crítica de floración. Si espera demasiado, puede que ya no haya suficiente humedad para llegar a cosecha.

Adaptar los calendarios: decisiones con riesgo real

Frente a esta incertidumbre, los agricultores están tomando decisiones difíciles: modificar las fechas de siembra, cambiar variedades de cultivos, o incluso dividir su milpa en partes para sembrar en distintos momentos.

Algunos ejemplos reales:

  • En Tlaxcala, varios productores están sembrando maíz entre la segunda y tercera semana de junio, en lugar de hacerlo desde mediados de mayo, como era tradición.
  • En Guerrero, algunos campesinos han optado por sembrar en dos etapas: una parte apenas inicia la lluvia, y otra cuando ya se ha estabilizado el temporal. Así aseguran que al menos una porción llegue a buen término.
  • En Zacatecas, hay quienes ahora prefieren variedades de ciclo más corto (90 días) para evitar que una sequía de agosto les arruine la milpa completa.

Uso de semillas resistentes y criollas mejoradas

La elección de la semilla también ha cambiado. Muchos productores que antes usaban maíz criollo de ciclo largo han optado por híbridos que maduran más rápido. Aunque el rendimiento puede ser menor en sabor o resistencia a plagas, les da una ventaja frente a la inestabilidad climática.

Otros, sin embargo, han trabajado en mejorar su semilla criolla mediante selección: guardan los granos de las plantas que resistieron mejor el calor o la falta de agua, y así fortalecen poco a poco su propio banco de semillas.

En comunidades de Puebla, por ejemplo, algunos colectivos están creando catálogos de semillas resistentes al estrés hídrico, sin recurrir a paquetes comerciales. Esto les permite mantener independencia y conservar la diversidad local.

Monitoreo más fino del cielo y del suelo

Antes bastaba con “leer el cerro” o esperar ciertas señales naturales: la floración de un árbol, el canto de ciertos insectos, la formación de nubes. Hoy, muchos productores combinan esas señales tradicionales con herramientas tecnológicas simples.

Algunos ejemplos de adaptaciones prácticas:

  • Instalación de pluviómetros artesanales para registrar la lluvia acumulada y decidir si es suficiente para sembrar
  • Consultas a apps meteorológicas en celulares básicos con datos de los próximos 5 a 10 días
  • Uso de grupos de WhatsApp donde se avisan cambios bruscos en el clima, tormentas o sequías

No se trata de tecnología sofisticada. Se trata de información oportuna y local, que permite ajustar decisiones que antes se tomaban casi por inercia.

Variar cultivos para reducir riesgos

Una estrategia que se ha hecho más común es la diversificación. En vez de sembrar una sola variedad de maíz o depender completamente del frijol o la calabaza, muchos productores ahora mezclan cultivos que tienen distintas respuestas al clima.

Por ejemplo:

  • Maíz + calabaza + amaranto (la calabaza protege el suelo y el amaranto resiste sequía)
  • Milpa con zonas alternadas de maíz de ciclo corto y frijol trepador
  • Intercalado de maíz con plantas de cobertura que ayuden a mantener la humedad

Esta técnica no solo ayuda a garantizar alguna cosecha aunque otras fallen, sino que también protege el suelo y mejora la estructura de la parcela.

¿Qué pasa con el agua de lluvia?

Uno de los mayores problemas con el nuevo patrón climático es que, cuando llueve, llueve demasiado. Y cuando se necesita agua, no hay. Para enfrentar eso, algunos productores han comenzado a trabajar en pequeñas obras de captación y retención:

  • Zanjas de infiltración para que el agua no escurra tan rápido
  • Microbordos para retener agua en partes altas de la parcela
  • Uso de mulch o cobertura vegetal para evitar la evaporación rápida

Estas prácticas no siempre requieren inversión externa. En muchos casos, basta con reorganizar el terreno y aprovechar el trabajo colectivo. Pero sí requieren tiempo y capacitación básica.

El papel de los técnicos y acompañantes rurales

En zonas donde hay presencia de técnicos comprometidos, los productores han logrado hacer cambios más estructurados. La clave no está en imponer modelos “verdes” genéricos, sino en traducir el conocimiento local en estrategias adaptativas.

Un ejemplo es un colectivo en Michoacán donde los técnicos trabajan junto a los ancianos del pueblo para reinterpretar las señales del clima de antes, y combinarlo con datos actuales de humedad y temperatura. Así, rediseñan el calendario año con año.

Lo que sí está funcionando

Aunque no hay una fórmula única, las siguientes prácticas están siendo útiles en distintos estados:

  • Ajustar las fechas de siembra cada año según las primeras lluvias reales, no según el calendario
  • Evitar sembrar toda la parcela el mismo día: escalonar
  • Elegir variedades más cortas o más resistentes
  • Conservar humedad en el suelo lo más posible
  • Hacer monitoreo constante, incluso a nivel comunitario

¿Y el apoyo institucional?

En la práctica, muchos de estos cambios se han hecho sin apoyos gubernamentales. La mayoría de los programas agrícolas siguen funcionando con calendarios fijos, sin considerar los cambios climáticos locales.

Algunos productores reportan que el apoyo de semillas o fertilizantes llega tarde, cuando la ventana de siembra ya se cerró. Otros mencionan que las capacitaciones no se actualizan desde hace años. Esto obliga a las comunidades a tomar la iniciativa por su cuenta.

El campo se adapta, aunque no siempre a tiempo

La agricultura de temporal sigue siendo la base del sustento para millones de familias en México. Aunque el cambio climático pone en jaque sus ciclos, los productores no se han quedado cruzados de brazos. Están reconfigurando sus calendarios con lo que tienen: experiencia, observación, tecnología accesible y mucha voluntad.

Estos ajustes no son simples “adaptaciones”. Son decisiones que afectan toda una temporada y muchas veces, la economía de un hogar entero. Por eso, es clave visibilizarlos, apoyarlos y aprender de ellos. Porque el calendario agrícola ya cambió —y el que no lo actualice, se queda sin cosecha.

by user

Boletín

Suscríbete ahora y sé parte de la transformación del campo mexicano.