Control de plagas en el campo mexicano con prácticas campesinas

July 15, 2025, Agricultura Noticias

Qué se considera plaga en el campo mexicano

En el campo mexicano, se considera plaga a cualquier organismo que afecta el crecimiento, producción o almacenamiento de los cultivos. Esto incluye insectos, hongos, bacterias, roedores y aves. La identificación temprana y el control oportuno son esenciales para evitar pérdidas graves, especialmente en siembras de temporal donde no hay margen para repetir el ciclo.

Las plagas más comunes en maíz, frijol, calabaza, chile y otros cultivos básicos incluyen gusano cogollero, picudo, pulgón, trips, chapulines, roya y tizón. Su aparición depende de la humedad, temperatura, tipo de cultivo y época del año.

Enfoque campesino frente a las plagas

El control de plagas en comunidades campesinas no depende exclusivamente de agroquímicos. Muchos productores siguen usando métodos tradicionales, transmitidos oralmente, que aprovechan recursos locales y conocimiento acumulado. Se prioriza la observación directa del cultivo, el calendario agrícola y el comportamiento de la naturaleza para decidir cuándo y cómo actuar.

Estos métodos no son “ecológicos” en el sentido comercial, pero sí son sostenibles porque se basan en la experiencia y el respeto al equilibrio del terreno. También representan una alternativa real ante el alto costo de pesticidas y la falta de acceso técnico en zonas alejadas.

Uso de plantas repelentes o insecticidas naturales

Muchas comunidades siembran o recolectan plantas que sirven para preparar repelentes caseros. Algunas de las más comunes incluyen:

  • Chile y ajo: Se hierven y se mezclan con jabón para rociar sobre las plantas. Sirve contra pulgón, mosca blanca y gusanos.
  • Ruda: Usada como infusión para ahuyentar insectos y proteger semillas almacenadas.
  • Nim (neem): Árbol cuyas hojas y semillas se usan como insecticida natural. Presente en estados del sur.
  • Tabaco: Las hojas se maceran en agua y se aplican sobre el follaje como repelente contra orugas y escarabajos.

Estas prácticas permiten actuar sin depender de químicos industriales, reduciendo riesgos para la salud del productor y sin contaminar agua o suelo.

Riego con ceniza y cal

Una técnica tradicional usada en milpas es el uso de ceniza y cal hidratada esparcida alrededor de las plantas para repeler insectos rastreros como cortadores, gusanos de raíz y babosas. La ceniza seca deshidrata a los insectos y la cal actúa como barrera natural.

Esta práctica es común en zonas templadas de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, especialmente en cultivos de maíz y calabaza donde la humedad favorece la presencia de plagas en el suelo.

Rotación de cultivos como forma de prevención

Una medida preventiva efectiva es la rotación de cultivos. Cambiar el tipo de planta sembrada en una misma parcela interrumpe el ciclo de vida de plagas específicas. Por ejemplo, después de maíz se siembra frijol, luego calabaza o avena.

Esto evita que las plagas se adapten al terreno o encuentren hospedero continuo. También reduce la aparición de hongos o bacterias acumuladas en el suelo. La rotación es una estrategia de control indirecto pero muy efectiva, usada de forma constante por productores experimentados.

Trampas físicas hechas con materiales locales

En varias regiones del país se utilizan trampas sencillas construidas con botellas, varas, latas o costales para atrapar insectos, roedores o aves. Algunos ejemplos son:

  • Botellas con melaza: Atrapan moscas y escarabajos que son atraídos por el olor dulce.
  • Trampas de luz: Usadas de noche con una lámpara de pilas para atraer y capturar palomillas.
  • Latas enterradas: Funcionan para capturar cortadores y gusanos de suelo.

Estas trampas permiten monitorear la población de plagas y reducir su número sin usar veneno. También son reutilizables y fáciles de armar con materiales reciclados.

Manejo del almacenamiento y control postcosecha

Las plagas no terminan con la cosecha. Muchos campesinos enfrentan problemas con gorgojo, polilla y roedores durante el almacenamiento de granos. Para esto, se usan métodos como:

  • Colocar hojas secas de laurel, chile seco o ruda en costales de maíz o frijol.
  • Usar recipientes cerrados de barro, metal o tambos con tapa ajustada.
  • Añadir cal viva o tierra seca como capa superficial para sellar el grano almacenado.

En zonas como la Mixteca o el Bajío, estas técnicas siguen siendo preferidas por campesinos que almacenan parte de su producción para autoconsumo.

Faenas colectivas para control de plagas

En algunas comunidades rurales se organizan jornadas colectivas para combatir plagas a nivel de parcela o ejido. Estas faenas incluyen limpieza de bordos, quema controlada de residuos secos, aplicación conjunta de repelentes caseros o revisión de cultivos.

El trabajo colectivo permite actuar más rápido, cubrir más terreno y compartir conocimiento entre campesinos. También fortalece la organización comunitaria y previene infestaciones generalizadas.

Importancia de la observación directa

Uno de los pilares del control de plagas en el campo mexicano es la observación diaria. Los productores tradicionales revisan sus plantas todos los días. Detectan cambios en hojas, tallos, colores o presencias anormales. Esto les permite actuar antes de que la plaga se extienda.

No se depende de laboratorios ni sensores. La experiencia del ojo campesino, combinado con el conocimiento de los ciclos agrícolas, es suficiente para tomar decisiones efectivas.

Adaptación de prácticas por región

En la Sierra Norte de Puebla se acostumbra sembrar flores aromáticas entre los cultivos para repeler insectos. En el Istmo de Oaxaca se aprovechan plantas nativas con propiedades antifúngicas. En Yucatán, se mezcla ceniza con cal para proteger tubérculos almacenados.

Las prácticas varían, pero el principio es el mismo: usar lo que se tiene al alcance, adaptado al clima y al terreno local. Esto genera soluciones reales, sin depender de insumos externos ni tecnologías ajenas al contexto.

Limitaciones de las técnicas tradicionales

Estas prácticas no son infalibles. Tienen limitaciones ante plagas severas, cambios bruscos de clima o pérdida de conocimiento local. Algunas familias jóvenes ya no conocen las recetas ni formas de preparación. La migración también ha debilitado la transmisión de saberes agrícolas.

En ciertos casos, los productores recurren a insecticidas comerciales cuando el daño es grande. Sin embargo, muchos combinan ambos métodos: aplican medidas tradicionales primero, y solo recurren a químicos en última instancia.

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